Antonio de Oquendo y Zandategui (San Sebastián, 1577-1640)

oquendoantonioHijo de Miguel de Oquendo y Domínguez de Segura, con 16 años se incorpora la flota de galeras de Nápoles y a los 18 se le dio el mando de dos bajeles ligeros para terminar con las correrías del corsario inglés que tenía en vilo la costas de Portugal y Galicia. Tras un duro combate, terminó con éxito la misión encomendada. En 1605 es designado al mando de la Escuadra de Vizcaya para proteger las costa cantábrica de la amenaza holandesa. En 1607 pierde en las proximidades de Biarritz cuatro galeones y 800 hombres. El propio Oquendo estuvo a punto de perecer ahogado. Ese mismo año obtiene el mando de la Escuadra de Cantabria (integrada por las de Vizcaya, Cuatro Villas y Guipúzcoa) con la que defiende las Flotas de Indias acosadas de continuo por naves corsarias. Fue luego designado general de la Flota de Nueva España. El rey premia su trayectoria con el hábito de Santiago en 1614. Contando con la estimación de Felipe IV y el conde-duque de Olivares, en 1626 se le dio el título y cargo de almirante general. Con este rango acudió en 1617 en socorro de La Mámora (antiguo enclave de corsarios y piratas moriscos de la costa atlántica marroquí) organizando con rapidez una flota que logró levantar el cerco musulmán. Su victoria más renombrada fue con todo la que en 1631 obtuvo en las proximidades de Pernambuco, (actual Recife, Brasil), en combate contra una armada holandesa. Oquendo no tuvo éxito sin embargo en la que fue su más importante misión: la recuperación de las rutas marítimas con Flandes destruyendo las fuerzas navales de Francia y Holanda que se opusieran. Al mando de una Armada compuesta por cerca de 100 buques de todas clases se enfrentó en el canal de la Mancha a la gran fuerza naval desplegada por el almirante Maarten Harpertszoon Tromp. Tras un intensísimo cañoneo, la flota española –muy corta de municiones y con graves daños– se refugió en la ensenada de las Dunas (frente a Raamsgate, al suroeste de Inglaterra). Desde allí Oquendo se las ingenió para cumplir uno de los principales objetivos encomendados: enviar a Flandes 6.000 soldados y un considerable caudal de dinero. Después de permanecer un mes fondeado optó por salir enfrentándose a fuerzas muy superiores situadas en posición ventajosa. La derrota vino a ser un golpe demoledor para la gran potencia naval española. El conde-duque de Olivares, muy afectado por la debacle, puso en cuestión el nombramiento de Oquendo como mando supremo haciendo notar que se habían pasado por alto los episodios desgraciados de su historial –refiriéndose sin duda a los naufragios y perdidas de naves que había sufrido–, finalizando por manifestar su amargura con esta expresión: "Los capitanes han de tener suerte". Pocos meses después de la derrota moría en La Coruña el que había sido uno de los más prestigiosos marinos españoles del siglo XVII.

[UNSAIN AZPIROZ, J.M.: "Galería de retratos. Diccionario biográfico", en UNSAIN AZPIROZ, J.M. (ed.): San Sebastián, ciudad marítima, Untzi Museoa-Museo Naval, San Sebastián, 2008, pp. 393-396].

Publicaciones del Museo 

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Retrato imaginario de Antonio de Oquendo. Óleo de Julio García Condoy, c. 1940. Museo Naval, Madrid. 

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Óleo que conmemora la victoria de Antonio de Oquendo en Pernambuco en 1631. Forma parte de una serie de cuatro lienzos de Juan de La Corte, encargados por el propio Oquendo y donados por él mismo a Felipe IV. En la parte inferior figura la siguiente inscripción: “Combate naval ocurrido el 12 de septiembre de 1631 sobre la costa del Brasil en que la Armada española, mandada por Don Antonio de Oquendo, venció y destrozó a la holandesa bajo las órdenes del General Hans Pater, que murió en la acción”. En la parte inferior derecha del cuadro se representa a la capitana holandesa en llamas, abarloada al galeón Santiago de Oquendo en el que se aprecia su estandarte. Museo Naval, Madrid.

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Impreso alemán de 1639 que pregona la derrota de la flota de Antonio de Oquendo en Las Dunas (costa inglesa). Colección Untzi Museoa-Museo Naval. La derrota significó el inició del declive del poderío naval de los Austrias españoles.

Más iconografía: UNSAIN AZPIROZ, J.M.: "Galería de retratos. Diccionario biográfico. Oquendo y Zandategui, Antonio de", en UNSAIN AZPIROZ, J.M. (ed.): San Sebastián, ciudad marítima, Untzi Museoa-Museo Naval, San Sebastián, 2008, pp. 394-395. 

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